Cuando se presentó a la caja de bateo en el último turno del juego del jueves, cuarto de la Serie de Campeonato de la Liga Nacional, el puertorriqueño Kike Hernández representaba la última esperanza de los Dodgers de Los Ángeles.
Y por qué no esperar que, como tantas otras veces, se vistiera de héroe o al menos fuera la chispa que encendiera a una estelar pero apagadísima alineación de los dobles monarcas de la Serie Mundial.
O pudo haber sido el también boricua Edwin “Sugar” Díaz quien salvara a los Dodgers, al aparecer en el montículo desde la séptima entrada y completar un inusual relevo de tres episodios que iba muy bien al retirar con pocos pitcheos a ocho bateadores consecutivos. Pero con los Dodgers perdiendo 5-4, permitió un jonrón solitario de David Hamilton en la parte baja de la novena, antes de cerrar el inning.
Aunque permitió esa carrera, con un pitcheo tan dominante de Milwaukee el 5-4 parecía suficiente ventaja.
Ciertamente, el libreto estuvo del lado de los Brewers de Milwaukee. Toda la campaña. No solo en esta serie.
Y ahora, tras ganar 103 juegos en la temporada regular y luego de salir victoriosos en siete de los ocho partidos jugados en estos playoffs de 2026, los Brewers saldrán a intentar llevárselo todo por primera vez en su historia de 57 años como franquicia.
Mientras, los Dodgers tendrán que sentarse en casa a reflexionar sobre su larga corrida en las últimas 10 temporadas, en las que fueron a cinco Series Mundiales, ganando tres de ellas, las últimas dos de forma consecutiva.
Y una de las cosas que pesará, de seguro, es haberse quedado cortos de conseguir lo que ningún equipo ha logrado desde los Yankees de Nueva York (1998-2000): ganar tres títulos consecutivos de la Serie Mundial.

“Tienes la oportunidad de lograr algo muy especial, algo que no ha ocurrido muchas veces, y nos quedamos a las puertas de conseguirlo”, lamentó Hernández tras el revés.
Con dos outs colgados en el pizarrón y los Brewers conteniéndose antes de iniciar la celebración, Hernández se presentó a la caja de bateo ante el relevista Aaron Ashby.
Rápidamente cayó en conteo negativo de 0-2 al abanicar a una curva. Al siguiente lanzamiento conectó un batazo profundo hacia el jardín izquierdo, pero no lo suficiente pues llegó a las manos de Jackson Chourio, quien de inmediato comenzó a festejar tras atrapar la pelota.
Ahora los Brewers son los nuevos campeones de su circuito, dando fin a una espera de 44 años para volver a jugar en un Clásico de Otoño.
Hernández, a preguntas de los medios, pareció reflexionar sobre su futuro en la organización de los Dodgers y en las Grandes Ligas, habiendo culminado su temporada número 13, a los 35 años de edad.
“Me encanta este lugar. He jugado para otros tres equipos, pero, bueno… cada vez que repaso mi carrera, inevitablemente vuelvo a pensar en este lugar. Es donde más tiempo he estado”, dijo. “Sí, me encantaría volver. Me gustaría tener una oportunidad más; intentar ganar otro título. Pero no sé realmente qué va a pasar. Espero poder volver y, si no es así, espero al menos poder jugar en un equipo ganador”.
Hernández, indudablemente, se ha acostumbrado a ganar. Y esperaba volver a hacerlo esta campaña, luego de un atribulado año debido a las lesiones. Arrancó la campaña en la lista de lesionados luego de la cirugía de codo por la que pasó en el periodo muerto en noviembre pasado, que lo privó de jugar con Puerto Rico en el Clásico Mundial de Béisbol en marzo.
Cuando por fin volvió a la acción a finales de mayo, llegó encendido con su ofensiva pero en solo dos juegos se volvió a lastimar, esta vez un oblicuo, para regresar a la lista de lesionados. Así que solo jugó 41 partidos de un máximo de 162. Una feliz reivindicación para él hubiera sido ayudar a los Dodgers a ganar otra Serie Mundial. Hubiera sido su cuarto anillo de campeón. Su sexta participación en un Clásico de Otoño. Pero no se concretó.
Y ahora no está seguro si volverá en 2027. Hernández es agente libre, al igual que los últimos años, cuando ha logrado siempre pactos por una temporada.
“Incluso cuando ganamos en los últimos dos años, nunca estuve 100% seguro de que volvería. Así que, bueno… no creo que eso lo haga más difícil, más allá de pensar en la posibilidad de lograr un tercer título consecutivo. Cada año me preparo mentalmente asumiendo que esta podría ser mi última etapa como Dodger”, admitió.

Hernández, a diferencia de sus pasados años, no tuvo mucha oportunidad de demostrar que puede producir en los playoffs. En la Serie de Campeonato de la Nacional jugó en solo tres de los cuatro partidos, y apenas consumió ocho turnos al bate, en los que no conectó de hit.
En la Serie Divisional contra Atlanta sí produjo aunque solo bateó .167 en cuatro partidos.
En el tercero, disparó un cuadrangular de dos carreras que llevó a su equipo a tomar ventaja 2-1 en la serie contra los Braves. Fue el número 17 de su trayectoria en playoffs, quebrando un empate con el miembro boricua del Salón de la Fama del béisbol, Carlos Beltrán, y ahora comparte con David Ortiz, Aaron Judge y Jim Thome un lugar entre los primeros 20 de todos los tiempos en jonrones de postemporada.
Díaz cerró con fuerza
Mientras, Díaz, tras un largo año también marcado por las lesiones, incluyendo una operación de codo y una segunda visita a la lista de lesionados por rigidez en el cuello, lució recuperado en el momento más importante, en los playoffs.
Pero no fue mucha la oportunidad que tuvo para brillar, con unos Brewers que colocaron rápido la serie 3-0 sin dar espacio a instancias en que pudiera entrar a relevar por los Dodgers en situación de salvamento.
El cuarto partido fue su primera aparición en la Serie de Campeonato. En sus primeros playoffs con los Dodgers, Díaz concluyó con cuatro salidas, seis entradas de labor, dos juegos salvados, ambos contra Atlanta, y efectividad de 1.50 con cinco ponchados. No regaló bases por bolas y solo le conectaron dos hits.
Un gran cierre para un año difícil, aunque no consiguió el anillo de campeón que soñaba cuando dejó a los Mets de Nueva York y pactó como agente libre con Los Ángeles.
Hernández, por su parte, terminó estos playoffs con apenas .071 de promedio de bateo, con igual porcentaje de embasado. Su único hit en seis juegos y 14 turnos, fue el jonrón que conectó contra Atlanta en la Serie Divisional.
