Puerto Rico tiene “otra oportunidad”, dice David Skeel

El expresidente de la Junta de Supervisión Fiscal (JSF), David Skeel, aseguró este jueves que la ley federal Promesa ha provisto una nueva oportunidad a Puerto Rico luego de que se consumara una de las reorganizaciones de deuda municipal más complejas en la historia de Estados Unidos.

El alivio obtenido por Puerto Rico, sin embargo, se produjo en un entorno de presiones, movidas legales, cabildeos trasbastidores y hasta intrigas, principalmente en Washington y Nueva York, que comenzó años antes de que el exgobernador Alejandro García Padilla declarara que la deuda pública del territorio estadounidense era impagable, según Skeel.

Y en su caso, haber puesto en práctica su conocimiento en Derecho de Quiebras –particularmente junto al exjuez de quiebras Arthur J. González– para modificar unos $70,000 millones en bonos de Puerto Rico le valió a Skeel, desde pegatinas con su foto y la palabra “Wanted” en la universidad donde enseña hasta fuertes discusiones con el exdirectivo de la JSF y ejecutivo de DCI Group, quien trabajaba para ciertos bonistas de Puerto Rico, Justin Peterson.

En un conversatorio con integrantes de la Cámara de Comercio de Puerto Rico (CCPR) para dar a conocer su nuevo libro “Promi$e Land: The Inside Story of the Puerto Rico Debt Crisis”, Skeel sostuvo que una vez se complete la reestructuración de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE), habrá terminado el acceso de Puerto Rico al vehículo de reestructuración provisto en Promesa.

La plática tuvo lugar en Our House, en San Patricio Plaza, donde el presidente de la CCPR y propietario del restaurante, José Julio Aparicio, aseguró que el libro es una lectura obligada para la clase empresarial de Puerto Rico.

“Hay que hablar más de libertad económica”, dijo Aparicio al señalar que el libro ofrece un vistazo a cómo se ha conducido Puerto Rico en los pasados años, una dinámica que requiere que el sector privado levante su voz.

El exrepresentante y ahora académico y analista, Jorge Colberg Toro, tuvo a su cargo la presentación del escritor invitado.

Un adolescente con tarjeta de crédito

Skeel, quien comparó el manejo de las finanzas públicas de Puerto Rico con “un adolescente con tarjeta de crédito”, resume su escrito en tres dimensiones. Aquella que describe los desmanes fiscales que se dieron en Puerto Rico y que resultaron en la aprobación de Promesa, el proceso de reestructuración puesto en marcha por la JSF y las lecciones que deja lo acontecido en la isla para el Congreso estadounidense y otros emisores en problemas.

En apretada síntesis, Promi$ed Land resume, de manera cronológica, los malos manejos por parte del gobierno puertorriqueño y el proceso que condujo a la aprobación e implementación de Promesa.

Skeel relata, con cierto detalle, las múltiples luchas que, por los pasados 15 años, protagonizaron en diversos momentos, figuras como los exgobernadores García Padilla y Pedro Pierluisi, Ricardo Rosselló Nevares, la economista Anne Krueger, el consultor Jim Millstein, el empresario neoyorquino Dick Ravitch y bufetes y abogados de renombre como Tom Mayer, Martin Bienenstock, Peter Friedman, Susheel Kirpalani y Tom Lauria, entre otros, así como el expresidente Barack Obama, el banquero de inversiones y entonces asesor del Secretario del Tesoro, Antonio Weiss, el liderato demócrata y republicano de hace una década y diversos líderes y ejecutivos de fondos de inversión especulativos como Aurelius e institucionales como Franklin Templeton.

En su relato, el académico conecta a todos ellos y muchos otros, desde diversos planos, con la crisis fiscal de Puerto Rico, la aprobación y puesta en vigor de la ley federal y las negociaciones que sirvieron para reducir la deuda pública de la isla.

El escrito de unas 300 páginas estará disponible a partir del próximo 25 de agosto y ya puede comprarse por adelantado en Paul Dry Books, Amazon, Barnes & Noble y plataformas similares.

“Los van a odiar”, dijo Skeel al citar las palabras del senador republicano Mitch McConnell cuando este le solicitó ser parte de la JSF.

Según Skeel, pese a las críticas, la reestructuración de la deuda de Puerto Rico representa “un nuevo comienzo” para la isla.

Asimismo, una vez se complete la reestructuración de la AEE, Puerto Rico no podrá invocar nuevamente la ley Promesa, al menos no, por el futuro previsible, en opinión del académico.

Los bonistas de la AEE

Skeel lamentó dejar la JSF antes de que se concretara la modificación de deudas de la empresa eléctrica.

Aseveró que hace dos años, el organismo habría puesto fin al proceso de no haber sido por el fallo del Primer Circuito de Apelaciones. El foro apelativo federal concluyó que los bonistas de la AEE tenían una reclamación ascendente a $8,500 millones, cuya fuente de repago son los ingresos netos de la empresa eléctrica estatal.

Ahora, Skeel anticipa que los bonistas de la AEE, encabezados por GoldenTree Asset Management no llegarán a un entendido.

De aquí que, según Skeel, la jueza de distrito federal Laura Taylor Swain, utilizará el litigio por la reclamación contable de los bonistas de la AEE como un ejercicio exhaustivo para determinar cuáles son los ingresos netos de la empresa eléctrica.

“Ella sabe que no tiene la última palabra”, dijo Skeel referiéndose a Swain, al explicar que, con toda probabilidad, el proceso de quiebra de la AEE regresará al foro apelativo.

Skeel agregó que el otro escenario al que se expone la isla, si no hay un acuerdo con los bonistas de la AEE, será una nueva JSF, cuyos integrantes podrían ser similares al exdirectivo Justin Peterson, quien defendía abiertamente a los bonistas que antes fueron sus clientes.

La próxima quiebra

A preguntas de la prensa, Skeel no descartó que la situación fiscal de Puerto Rico y su proceso de bancarrota se replique en Islas Vírgenes Estadounidenses, en la ciudad de Chicago y en el estado de Illinois.

Se trata de tres jurisdicciones en aprietos financieros, con déficit en sus planes de pensiones o incapacidad de allegar recaudos suficientes.

Luego de laborar por ocho años en la JSF y de lo vivido, Skeel aseguró que “extraña” estar al centro de la acción de un proceso de reestructuración, pero aseguró que no regresaría al organismo.

En su escrito, sin embargo, dijo que estaría dispuesto a colaborar en otra situación similar, considerando que medie alguna compensación.

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