{"id":6734,"date":"2025-07-30T16:17:11","date_gmt":"2025-07-30T14:17:11","guid":{"rendered":"https:\/\/aleeknews.com\/4l33k5\/2025\/07\/30\/sexto-sentido-oculto-explican-el-vinculo-entre-el-cerebro-el-intestino-y-la-regulacion-del-apetito\/"},"modified":"2025-08-01T04:24:17","modified_gmt":"2025-08-01T02:24:17","slug":"sexto-sentido-oculto-explican-el-vinculo-entre-el-cerebro-el-intestino-y-la-regulacion-del-apetito","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/aleeknews.com\/4l33k5\/2025\/07\/30\/sexto-sentido-oculto-explican-el-vinculo-entre-el-cerebro-el-intestino-y-la-regulacion-del-apetito\/","title":{"rendered":"\u00bfSexto sentido oculto? Explican el v\u00ednculo entre el cerebro, el intestino y la regulaci\u00f3n del apetito"},"content":{"rendered":"<div>\n<p>Todos los organismos interpretan el mundo a trav\u00e9s de los sentidos. Pero la ciencia tiene cada vez m\u00e1s claro que los cinco m\u00e1s populares (o\u00eddo, vista, tacto, olfato y gusto) son probablemente insuficientes para abordar todas las interacciones con el ambiente que nos rodea. <\/p>\n<p>Una nueva investigaci\u00f3n publicada en la revista \u201cNature\u201d, escaparate de la mejor ciencia mundial, ha descubierto ahora una especie de<b> nuevo sexto sentido oculto, ubicado en el intestino. <\/b><\/p>\n<p>En concreto, en un estudio en ratones, cient\u00edficos de la Universidad de Duke (Estados Unidos) han revelado que este sistema sensorial, que ellos definen como <b>\u201dun sentido neurobi\u00f3tico\u201c, permite una comunicaci\u00f3n en tiempo real entre el cerebro y el microbioma, ese inmenso ecosistema de microorganismos que puebla el intestino y que es capaz de modular la salud y la enfermedad. <\/b><\/p>\n<p>De entrada, esa infraestructura sensitiva sirve, seg\u00fan los investigadores, para percibir lo que pasa en el entorno intestinal, detectar nutrientes y guiar las decisiones sobre el apetito. Pero, probablemente, esto solo sea el principio de una historia m\u00e1s larga que est\u00e1 a\u00fan por descubrir: l<b>os cient\u00edficos hipotetizan con que este sexto sentido puede ser una plataforma para entender en profundidad c\u00f3mo el intestino detecta los microbios, c\u00f3mo estos influyen en el comportamiento<\/b> (desde los h\u00e1bitos alimenticios hasta el estado de \u00e1nimo) e, incluso, de qu\u00e9 manera el cerebro podr\u00eda moldear el microbioma. <\/p>\n<p>Durante mucho tiempo, cuenta Diego Boh\u00f3rquez, investigador del Laboratorio de Neurobiolog\u00eda Intestino-Cerebro de Duke y autor principal del estudio, se pens\u00f3 que el intestino era \u201cun tubo muy pasivo que solo serv\u00eda para digerir y absorber\u201d. Pero, esa premisa dejaba muchos cabos sueltos. <\/p>\n<p>\u201cNo se hab\u00eda explorado c\u00f3mo es que el intestino sabe qu\u00e9 le ha llegado. Por ejemplo, una manzana o un vaso de leche son un universo de mol\u00e9culas. Y el intestino tiene que reconocer y crear una representaci\u00f3n inmediata para poder avisarle al cerebro de lo que le ha llegado\u201d, explica el neurocient\u00edfico.<\/p>\n<p><b>Su hip\u00f3tesis era que el cerebro y el intestino ten\u00edan \u201cun sistema sensorial\u201d para comunicar la informaci\u00f3n de lo que est\u00e1 pasando en ese ecosistema microbiano<\/b>. Algo r\u00e1pido, directo e independiente de la respuesta inmunol\u00f3gica o metab\u00f3lica \u2014mucho m\u00e1s lenta\u2014 que puedan provocar esos microbios. <\/p>\n<p>Y no iba desencaminado: despu\u00e9s de 15 a\u00f1os de investigaci\u00f3n, Boh\u00f3rquez y su equipo han logrado documentar c\u00f3mo opera ese nuevo sentido que permite al cerebro responder en tiempo real a las se\u00f1ales de los microbios que viven en el intestino. <\/p>\n<p>\u201cEs un sistema sensorial en el intestino que permite a las bacterias influenciar cu\u00e1nto comemos y por cu\u00e1nto tiempo\u201c, sintetiza. <\/p>\n<p><h4><b>C\u00e9lulas min\u00fasculas <\/b><\/h4>\n<\/p>\n<p>La correa de transmisi\u00f3n clave de este sexto sentido son los neur\u00f3podos, unas min\u00fasculas c\u00e9lulas sensoriales que recubren el epitelio del colon. <\/p>\n<p>\u201cDe la misma forma en la que el ojo, para distinguir el color azul y rojo, tiene unas c\u00e9lulas neuroepiteliales \u2014primas hermanas de los neur\u00f3podos\u2014, que detectan fotones y mediante la longitud de onda nos ayudan a determinar si algo es rojo o azul, en el intestino tenemos c\u00e9lulas neur\u00f3podas que, <b>en el caso de nutrientes, nos ayuda a detectar r\u00e1pidamente las mol\u00e9culas que hemos ingerido para guiar al cerebro y saber, no solo si comimos una grasa o una prote\u00edna, sino cu\u00e1nto m\u00e1s necesitamos comer\u201d<\/b>, explica Boh\u00f3rquez. <\/p>\n<p>Su investigaci\u00f3n viene de lejos. Hace unos a\u00f1os, ya hab\u00edan detectado que los neur\u00f3podos eran \u201cesenciales\u201d para que el organismo diferenciase, por ejemplo, entre az\u00facares y edulcorantes y optase por consumir los primeros, que tienen un valor cal\u00f3rico, antes que otros endulzantes. Lo llamaron a eso un \u201csentido para los nutrientes\u201d, que ayuda a guiar qu\u00e9 comemos: los neur\u00f3podos eran capaces de transformar se\u00f1ales de los nutrientes en mensajes para el cerebro.<\/p>\n<p>Pero a los cient\u00edficos todav\u00eda no entend\u00edan de qu\u00e9 manera el organismo respond\u00eda en tiempo real a los est\u00edmulos que surg\u00edan de los microbios intestinales. <\/p>\n<p>\u201cEl intestino tiene un sistema sensorial que est\u00e1 guiando nuestros deseos, no solamente alimenticios, porque del alimento parte el resto de cosas\u201d, explican expertos <\/p>\n<p><b>Lo que han descubierto ahora con esta investigaci\u00f3n es que cuando comemos, algunas bacterias intestinales liberan unas prote\u00ednas llamadas flagelina.<\/b> Los neur\u00f3podos las detectan y, con la ayuda de un receptor (de nombre TLR-5), env\u00edan un mensaje al nervio vago, que es una ruta de comunicaci\u00f3n fundamental entre el intestino y el cerebro. <b>La se\u00f1al que llega por ese canal al centro de operaciones del organismo es un aviso de que ya se ha comido suficiente.<\/b> <\/p>\n<p>\u201cTenemos la idea de que los neur\u00f3podos detectan la flagelina e inmediatamente le avisa al cerebro y le manda una se\u00f1al de que ya necesita dejar de comer. Es una forma de interfaz inmediata sensorial para que el cerebro pueda saber , no solo que nosotros comimos, sino que las bacterias tambi\u00e9n recibieron la cantidad suficiente de alimento\u201d, reflexiona Boh\u00f3rquez. <\/p>\n<p><h4><b>Trabajo de laboratorio <\/b><\/h4>\n<\/p>\n<p>Para validar su tesis, los cient\u00edficos sometieron a un grupo de ratones a una noche de ayuno y, al d\u00eda siguiente, le administraron una dosis de flagelina directamente en el colon. La respuesta fue que los animales comieron menos. <\/p>\n<p>En cambio, el mismo experimento en otro grupo de roedores manipulados gen\u00e9ticamente a los que se les desactiv\u00f3 el receptor TLR-5, result\u00f3 en que los animales com\u00edan m\u00e1s y ganaban m\u00e1s peso. <\/p>\n<p>\u201cSe volv\u00edan obesos porque cada vez com\u00edan un poquito m\u00e1s y por m\u00e1s tiempo. Pero nos llev\u00f3 mucho tiempo [llegar a las conclusiones finales] porque ten\u00edamos que demostrar que no era inmune ni metab\u00f3lico y que, en realidad, exist\u00eda un sistema neuronal sensorial para reconocer los patrones microbianos\u201c, cuenta Boh\u00f3rquez. <\/p>\n<p><b>Sus pesquisas demostraron que la flagelina, a trav\u00e9s de ese circuito neurobi\u00f3tico, lanzaba al cerebro se\u00f1ales para frenar el apetito.<\/b> Sin embargo, cuando se cortaba esa ruta, el mensaje no llegaba y los ratones se volv\u00eda obesos. Esto significaba que exist\u00eda una influencia microbiana directa en el comportamiento alimenticio. <\/p>\n<p>Boh\u00f3rquez defiende que, aunque su investigaci\u00f3n est\u00e1 hecha en modelos animales, las ideas principales son perfectamente extrapolables a los humanos: \u201cTal vez puede haber algunas modificaciones del sistema sensorial, pero el principio b\u00e1sico es el mismo\u201d. <\/p>\n<p><h4><b>Un sentido antiguo <\/b><\/h4>\n<\/p>\n<p>Sus experimentos se han centrado en la flagelina de un g\u00e9nero bacteriano concreto ( Salmonella ), pero el cient\u00edfico se\u00f1ala que este patr\u00f3n molecular est\u00e1 conservado en muchas especies de microorganismos diferentes.<\/p>\n<p>\u201cEste sistema sensorial se activa incluso en animales libres de microbiota. Esto quiere decir que es constitutivo del animal, lo que sugiere que es un sentido muy antiguo y b\u00e1sico para que el intestino reconozca estos patrones moleculares microbianos y los comunique al cerebro\u201d, abunda Boh\u00f3rquez. <\/p>\n<p>Su hallazgo, con todo, es solo \u201cel primer pelda\u00f1o\u201d de una gran escalera que est\u00e1 por explorar. \u201cAhora acabamos de descubrir que el intestino, a trav\u00e9s de los neur\u00f3podos, comunica al cerebro estos patrones moleculares. Pero eso abre la posibilidad a que otros patrones moleculares pueden estar causando cambios de comportamiento, de conducta, espec\u00edficos en el cerebro\u201d, sugiere. <\/p>\n<p>Claudia Arajol, m\u00e9dica en el servicio de Aparato Digestivo del Hospital de Bellvitge de Barcelona, considera tambi\u00e9n que esta investigaci\u00f3n es \u201cun hilo muy interesante del que tirar\u201d. <b>\u201cEs un estudio fabuloso, con una metodolog\u00eda completa y resultados prometedores. Es el inicio de un nuevo camino en relaci\u00f3n con el papel del microbioma en el control de la saciedad, el peso\u201d,<\/b> opina la especialista, que no ha participado en la investigaci\u00f3n. <\/p>\n<p>Arajol destaca tambi\u00e9n el esfuerzo de los cient\u00edficos por despejar todos los elementos de confusi\u00f3n (como potenciales explicaciones inmunitarias o metab\u00f3licas) hasta demostrar ese sistema sensorial entre los microbios intestinales y el cerebro. <\/p>\n<p>\u201cHay que ver qu\u00e9 recorrido acaba teniendo en humanos, pero a nivel cl\u00ednico, estos resultados pueden promover el estudio de diferentes f\u00e1rmacos para modificar la obesidad\u201d, apunta. <\/p>\n<p><h4><b>Nuevo escenario <\/b><\/h4>\n<\/p>\n<p>Se abre un escenario de investigaci\u00f3n inmenso. \u201cSiempre hablamos coloquialmente de que somos lo que comemos. Hay una correlaci\u00f3n directa. Pero <b>aqu\u00ed ya estamos hablando de que el intestino tiene un sistema sensorial que est\u00e1 guiando nuestros deseos, <\/b>no solamente alimenticios, porque del alimento parte el resto de cosas. Una vez que est\u00e1s alimentado, puedes imaginar, crear, interactuar socialmente\u201d<b>, <\/b>subraya Boh\u00f3rquez. <\/p>\n<p>El cient\u00edfico no descarta, de hecho, que puedan aparecer tambi\u00e9n nuevos sentidos: <b>\u201cSomos un conglomerado de todos estos sistemas sensoriales . Aunque estemos documentando tal vez el sexto o el s\u00e9ptimo sistema sensorial [si se tiene en cuenta el sensor de los nutrientes detectado hace unos a\u00f1os], debe haber muchos m\u00e1s<\/b>. Por ejemplo, el que mantiene chequeado el fluido cerebroespinal dentro de los ventr\u00edculos del cerebro: ese l\u00edquido tal vez requiere un sistema sensorial espec\u00edfico que nos afecta a la forma de dormir, los ritmos circadianos o los sue\u00f1os&#8221;. <\/p>\n<p>Tampoco ser\u00eda tan extra\u00f1o. En las plantas, por ejemplo, se ha documentado que tiene 14 sistemas sensoriales, recuerda. Y otros cient\u00edficos, como el premio Nobel de Medicina Ardem Patapoutian, sostienen tambi\u00e9n que la idea de los cinco sentidos es un poco \u201cingenua\u201d.<\/p>\n<p>Este cient\u00edfico propone que la propiocepci\u00f3n \u2014la capacidad de sentir d\u00f3nde est\u00e1n tus extremidades en el espacio\u2014 es tambi\u00e9n un sentido y hay otros: \u201c\u00bfY qu\u00e9 pasa con la sensaci\u00f3n de temperatura? \u00bfY la percepci\u00f3n de la vejiga? Eso no es el tacto, \u00bfqu\u00e9 es entonces? Es otro sentido\u201d, planteaba en una entrevista a El Pa\u00eds hace poco m\u00e1s de un mes. <\/p>\n<\/div>\n\n    <div class=\"xs_social_share_widget xs_share_url after_content \t\tmain_content  wslu-style-1 wslu-share-box-shaped wslu-fill-colored wslu-none wslu-share-horizontal wslu-theme-font-no wslu-main_content\">\n\n\t\t\n        <ul>\n\t\t\t        <\/ul>\n    <\/div> \n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Todos los organismos interpretan el mundo a trav\u00e9s de los sentidos. Pero la ciencia tiene cada vez m\u00e1s claro que los cinco m\u00e1s populares (o\u00eddo, vista, tacto, olfato y gusto) son probablemente insuficientes para abordar todas las interacciones con el ambiente que nos rodea. 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