Si te desempeñas en una alguna profesión de servicio o te enfrentas a situaciones laborales donde experimentas un alto nivel de estrés constante, te expones al llamado “burnout” o “síndrome” del trabajador quemado o “síndrome” de desgaste profesional como el resultado de un estrés laboral crónico que no se ha manejado con éxito.
Cabe destacar que el “burnout” no es una enfermedad diagnosticable o un síndrome de salud mental, sino que es un fenómeno laboral. Así es como se describe en el Manual de Clasificación Internacional de Enfermedades de la Organización Mundial de la Salud (OMS), definido por los profesionales como una reacción inadecuada al estrés crónico.
El doctor Guillermo García, psicólogo clínico y tanatólogo de Cima Menonita, explica que existen tres signos principales que una persona puede empezar a sentir o darse cuenta de que está en ese proceso de “burnout”.
1. El agotamiento emocional: los seres humanos somos seres emocionales, por lo que el agotamiento emocional significa que ya tus emociones están al límite. Por ejemplo, puedes irte de fin de semana de descanso o dormir 15 horas al día y te sientes igual de cansado.
“Sientes que no tienes emocionalmente más nada que dar porque has padecido de tanto estrés, que ya no sabes cómo manejarlo. O sea, te sientes en un nivel de cansancio que ya no se cura”, indica.
2. La despersonalización: Es cuando identificas que el trabajo o la situación de estrés te está afectando a ti y decides distanciarte emocionalmente de esa situación. Eso te lleva a desconectar y a desligarte del trabajo. Aquellas personas que están en ese proceso de desconexión y despersonalización, se suelen proyectar cínicas con el trabajo, se ponen bien negativas y sarcásticas, además de perder la empatía.
“Una persona en el área de la salud, ya sea un enfermero o enfermera, que está pasando por este proceso de desconexión, en vez de ver a los pacientes como seres humanos que están sufriendo, los empieza a ver como cosas o como su diagnóstico, o como la cama que está asignada. En vez de decir, ‘la señora María que tiene tal diagnóstico que está en este cuarto’, dice, ‘sí, la diabética, o el 13B’, y se muestran desconectados empáticamente y emocionalmente con su trabajo”, ejemplificó.
3. Una baja realización personal, profesional o sentido de ineficacia: En la mayoría de los casos, escogemos nuestras carreras o nos insertamos en situaciones porque nos gustan o tenemos interés. Sin embargo, cuando se está en el proceso de “burnout”, ya el estrés ha sido demasiado, y empiezas a sentir que no estás siendo eficiente en tu trabajo.
“Cuando me siento ineficaz, me siento incompetente y que no estoy desempeñando de una forma correcta. Siento que antes era más eficiente, ahora no, empiezo a dudar de mis capacidades, pierdo la confianza”, abundó.
De acuerdo con el psicólogo clínico, tiende ocurrir en profesiones o empleos, que mayormente son caracterizados por mucho estrés son los relacionados con el sistema de salud y el manejo de público, en los que tienen que cumplir con muchas responsabilidades o que tienen una carga laboral excesiva y periodos cortos de descanso.
“Se empieza a hablar del burnout en los años 70, cuando la doctora Cristina Madagascar y sus colegas, se dan cuenta de que esta situación empieza a ocurrir en los profesionales que atienden a otras personas y aquellos que atienden a pacientes de uso problemático de sustancias, que naturalmente se desgastan bien rápido”, señaló.
Otros factores de riesgo
Según el doctor García, aquellas personas con condiciones preexistentes de ansiedad o depresión, también presentan un factor de riesgo porque muchas veces está asociado al estrés crónico, que es precursor de la ansiedad. Por tanto, señala que el “burnout” lleva a ese desgaste, que es bien parecido a la depresión.
“El ‘burnout’ como fenómeno, cuando tú empiezas a evaluar los síntomas y cómo se refleja en la persona, se puede confundir también con la depresión por su parecido, porque hay un impacto en el ánimo de la persona. Esta puede sentirse deprimida por lo que está pasando, tiende a aislarse, como ocurre en la depresión. Hablamos de sentirse ineficaz o incompetente, por lo que hay una pérdida de la sensación de placer, que es lo que llamamos anhedonia, que es un síntoma de lo que sería la depresión. Podemos ver que las personas en estos procesos, también dejan de comer o comen en exceso, tienen dificultades con el sueño, y factores cognitivos, como dificultades en la atención, la concentración y la memoria”, amplió el psicólogo clínico.
Como se trata de un fenómeno laboral, asegura que lo más importante es que las organizaciones, las industrias, las empresas y el gobierno tengan recursos identificados como son los programas de ayuda de empleados, por ejemplo, para que sean orientados acerca de la accesibilidad a estos servicios.
“Muchas veces también cae en el personal de supervisión y administración estar pendiente de su activo más importante, que son los trabajadores, los empleados. Así que también cae sobre organización porque, realmente, esto se define como un fenómeno laboral. Es bien difícil que un empleado que está pasando con el proceso de ‘burnout’ trabaje en sí mismo. Hay ciertos retos para entrar en contacto con esa ayuda”, abundó.
¿Qué hacer ante el cansancio asociado al trabajo?
A través de tu guía laboral, se recomienda hacer micropausas estratégicas o tácticas. Una que este psicólogo clínico sugiere es a la que le llaman “estrategia 3-2-1”, que significa que tres veces al día, por dos minutos, hagas un ejercicio de relajación. Consta de hacer un ejercicio de respiración profunda, de visualización positiva. Te vas a desconectar por esos dos minutos, para que hagas un reset de tu sistema nervioso para que se pueda regular.
Otra recomendación es tener límites entre el trabajo y la vida personal, porque en esta era digital, que es interesante porque uno se siente conectado y desconectado a la misma vez. Este proceso de “burnout”, que genera tanta angustia emocional, en que salimos del trabajo y seguimos pensando en el este y en el correo electrónico, por lo que es necesario desconectarse.
Para este exhorta hacer un ritual de transición, que no sea nada más que un ritual físico donde la persona, hace una acción que significa que se terminó el trabajo y empezó nuestro tiempo personal.
“Vamos a suponer que cuando la persona poncha, se dice a sí misma que se acabó el trabajo por hoy y ahí entramos en el espacio personal. Hay personas que usan su camino a la casa, esa travesía, para procesar el día y regularse. Ya cuando llegan a la casa, antes de bajarse del carro, dicen, hasta aquí llegó el trabajo, no voy a discutir más el trabajo y no voy a entrar en esa dinámica porque ya no terminé de trabajar”, agregó mientras recalcó que al establecer límites hay que ser consistentes con ese límite para que se vuelva parte de nuestro hábito.
