Quizá nadie imaginó que una receta familiar de sobre seis décadas, lograría confeccionar cerca de 27,000 unidades diarias del producto, en una operación empresarial que, actualmente forma parte del inventario de unos 90 supermercados y 300 restaurantes en toda la isla.
Es la historia de Sorullitos Artesanales Mamá Toña en Aibonito, proyecto que nació de una idea comercial que tuvo Gilberto Luna Benítez tras contemplar cómo la gente reaccionaba al probar la delicia hecha por su suegra, doña María Antonia Rivera, conocida como ‘mamá Toña’.
De esa manera, el exvicepresidente de una cooperativa local contempló su jubilación tras 30 años de servicio y cumplió con los requerimientos gubernamentales para acondicionar un espacio en la casa que perteneció a sus padres para manufacturar el producto. Gilberto invirtió aproximadamente $25,000, entre ahorros propios y líneas de crédito.
Según el empresario de 61 años, se trata de “una receta que ha estado durante más de 60 a 70 años en la familia de mi suegra, que los hacía para las actividades familiares y a todo el mundo le encantaba”.
“Cada Navidad, le pedía a ella que me hiciera una cantidad de sorullitos. Entonces, yo los dividía en porciones de 12 o 24 y visitaba compañeros de trabajo y, como obsequio les llevaba los sorullitos”, recordó el egresado de la Universidad Interamericana de Puerto Rico, donde obtuvo un bachillerato en Administración de Empresas.
“En un momento dado, pensé que, cuando me retirase de la cooperativa, me dedicaría a preparar sorullitos, crear un negocio y venderlos a supermercados y restaurantes. Entonces, cuando me retiro de la cooperativa, empezamos a trabajar con el proyecto de la fábrica de sorullitos. Así comenzó todo”, relató.
1 / 10 | Sorullitos Artesanales Mamá Toña. Gilberto Luna Benítez es el propietario de la empresa Sorullitos Artesanales Mamá Toña, establecida hace una década en Aibonito. – alexis.cedeno
El punto de partida
La operación arrancó en noviembre de 2016, con la elaboración artesanal del sorullito que, en ese entonces, se hacía a mano, incluyendo la masa.
“Cuando comenzamos en casa de mis papás, escasamente podíamos hacer 1,000 o 2,000 unidades diarias porque, antes éramos mi suegra, mi esposa y yo y, mis hijos también ayudaban cuando salían temprano de estudiar”, mencionó.
“Todo se hacía a mano, tanto la masa como los sorullitos. Al final, llegamos a hacer entre 4,000 o 5,000 unidades, pero esos sorullitos tardaban de 24 a 30 horas en congelarse porque mis productos no tienen preservativos, más allá de la congelación”, manifestó.
Al cabo de cinco años en el lugar, Gilberto consiguió que el gobierno le arrendara un espacio de 2,700 pies cuadrados ubicados en el antiguo Parque Industrial del pueblo, propiedad de la Compañía de Fomento Industrial de Puerto Rico (Pridco).
Allí elevaron la producción, poco a poco, hasta llegar a “cerca de 26,000 a 27,000 unidades diarias”.
“Cuando llegamos a la nueva instalación, casi terminando la pandemia en 2021, ya contábamos con un freezer industrial de 12 pies por 12 pies, máquinas para hacer las masas y eso nos permitió aumentar la producción”, relató el hombre.
“Ahí comenzamos a hacer más producción hasta la actualidad que, producimos cerca de 27,000 unidades diarias, en paquetes de 12, 24 y 48 unidades para los supermercados”, sostuvo.
¿Por qué son tan famosos?
Según Gilberto, el producto que elaboran es un sorullito dulce, pero “no empalaga”.
En cuanto a la masa, reveló que “es diferente a las demás que están en los supermercados, porque la nuestra es una masa cremosa. Eso hace que el sorullo se tueste por afuera, pero se queda cremoso por dentro”.
Además de los sorullos, “tenemos otros productos relacionados que se hacen con la misma masa; son unas bolitas rellenas con queso cheddar que vienen en paquetes de 15 unidades”.
“Hay otras (bolitas) rellenas con queso crema, salsa roja y jalapeño; una combinación de dulce y picante. También tenemos unas bolitas rellenas de avellana y chocolate que vienen en paquetes de 15 unidades”, detalló.
“Le decimos bolitas, pero cuando las ves tienen diferentes formas; unas parecen gotitas de agua, otras parecen diamantes y las otras, literalmente una bola de redonda. Las hacemos de esa manera para que, cuando estén fritas y se coloquen en un mismo plato, las personas puedan identificar con qué están rellenas”, resaltó.
En tanto, el empresario estimó la producción total del 2025 en cerca de seis millones de unidades, “entre sorullitos y bolitas”.
Asimismo, señaló que, la empresa familiar brinda empleo a una docena de personas, incluyendo a su esposa, Wanda Alvarado; su hija, María Alejandra, quien funge como administradora y su hijo, Gilberto Emanuel, quien trabaja el área de ventas.
“Tenemos ocho empleados que no son del núcleo familiar, pero llevan tiempo con nosotros. Son empleos directos”, apuntó.
Nuevos productos y más mercados
Gilberto anticipó que en el futuro cercano, contempla la confección de otros productos, entre estos, bolitas rellenas, unas de corned beef y otras de bacalao.
“Lo hicimos para que la gente las probara y han sido un éxito. Pero esto ya requiere otros permisos y otras cosas porque, si trabajas con carne, necesitas tener supervisión del Departamento de Agricultura. Lo que hago ahora mismo no tiene nada de carne y lo supervisa el Departamento de Salud”, explicó.
Igualmente, espera entrar a la multinacional Walmart “para este año ya que, tenemos el producto aprobado hace dos años”.
“Se hace difícil hacer un compromiso y no quedar mal con Walmart porque sabemos que, cuando entremos ahí, las ventas se van a multiplicar. Ahora mismo, estoy casi a capacidad completa de producción en la fábrica”, admitió.
“La realidad es que todo lo que preparamos lo vendemos. Todo lo que se prepara diario, se empaca y al otro día sale para la calle. No tenemos nada almacenado. Tenemos casi 90 supermercados y casi 300 restaurantes a los que entregamos el producto semanal y a otros, bisemanal”, sostuvo.
Sorullitos Mamá Toña llega a toda la isla “en una línea imaginaria desde Dorado, Morovis, Corozal, Orocovis hasta Ponce” y también a toda la zona sur, este, norte y central y, otros pueblos luego de entrar en alianza con dos distribuidores.
Se encamina a pasar el batón
“Esto ha sido un proyecto que comenzó como un proyecto de familia. Ahora mismo, estamos contemplando la transición obligada para que mis hijos sigan haciéndose cargo en administración y, entonces, poder disfrutar un poco de lo que tanto he trabajado”, confesó.
“Cada semana, es un reto para poder cumplir con todo el mundo, especialmente, con los empleados que tienen sus familias y su sustento es la fábrica. La esperanza es que mis hijos puedan continuar el legado. La receta es de su abuela y creo que lo harán muy bien, aunque siempre estaré con ellos”, concluyó Gilberto.
