Opinión | La inteligencia artificial y la censura de libros

Opinión

Explica ideas y extrae conclusiones basadas en la interpretación de hechos y datos.

La inteligencia artificial ha traído un tipo de censura mucho más sutil pero potencialmente más peligrosa precisamente porque no se ejerce de manera expresa, opina José Luis Nieto

15 de febrero de 2026 – 10:55 PM

Las opiniones expresadas en este artículo son únicamente del autor y no reflejan las opiniones y creencias de El Nuevo Día o sus afiliados.

Aunque este tipo de control y represión abierta todavía existe, la inteligencia artificial ha traído un tipo de censura mucho más sutil pero potencialmente más peligrosa precisamente porque no se ejerce de manera expresa, escribe José Luis Nieto. (Shutterstock)

El intento de censurar libros es casi tan antiguo como la imprenta misma. A través de la historia se han confeccionado listas de libros prohibidos que eventualmente han terminado en la hoguera. Desde la persecución de Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera por parte de la Inquisición española por traducir y publicar en castellano en 1569 la primera versión completa de los textos bíblicos originales escritos en hebreo y griego, conocida como la “Biblia del Oso”, hasta el intento de censurar la novela Ulises de James Joyce en Estados Unidos entre 1918 y 1933, donde las autoridades, impulsadas por sociedades puritanas, confiscaron y quemaron cientos de ejemplares en las instalaciones de la aduana de Nueva York por considerar que la novela era obscena. De igual modo, regímenes totalitarios tanto de derecha como de izquierda, establecieron organismos oficiales encargados de censurar la publicación de libros como el Ministerio de Ilustración Pública y Propaganda (dirigido por Goebbels) en la Alemania nazi, el Departamento de Censura, en la España de Francisco Franco, el Glavlit institucionalizado en la antigua Unión Soviética por Stalin y el Grupo de la Revolución Cultural en China establecido y dirigido por Mao Zedong. Estas instituciones no solo elaboraron listas negras de autores proscritos sino que también dirigieron la quema y destrucción física de miles de obras para garantizar que el pensamiento único de sus respectivos Estados no encontrara resistencia a base de las ideas que pudieran surgir como resultado de la lectura de algún libro.

Guías de Opinión

Las columnas deben enviarse a Gerardo Cordero: gerardo.cordero@gfrmedia.com. Las columnas tienen que ser de 300, 400 o 500 palabras. Al enviarnos su columna, el escritor concede a GFR Media una licencia exclusiva, perpetua, irrevocable, sublicenciable, mundial y libre de regalías para reproducir, copiar, distribuir, publicar, exhibir, preparar obras derivadas, traducir, sindicar, incluir en compilaciones u obras colectivas, y de cualquier otro modo de forma general utilizar su columna (en todo o en parte), sin reserva ni limitación alguna, en cualquier medio (incluyendo pero sin limitarse, a las versiones impresas o digitales o en los sitios web o aplicaciones móvil del periódico El Nuevo Día), forma, tecnología o método conocido en el presente o que sea conocido, desarrollado o descubierto en el futuro. El autor acepta que GFR Media, LLC, podría cobrar a los suscriptores las versiones digitales, sitios web o aplicaciones móviles de GFR Media por el acceso a la columna.

Popular en la Comunidad

Read Previous

Bad Bunny en Argentina: del homenaje a Messi a su baile con Tini y el recuerdo de Soda Stereo

Read Next

Opinión | Un mensaje muy pesado

Leave a Reply

Most Popular