Muchas compartimos el recuerdo de hurgar en el alhajero de nuestras abuelas durante la infancia, ese cofrecito que se abría cual tesoro lleno de anillos que nos quedaban grandes, aretes impares, una enredadera de collares de perlas (casi siempre falsas), cadenitas gastadas y pulseras metálicas que nos permitían jugar a ser dueñas y señoras de una elegancia prestada. Entre tanta bisutería, se escondían como pequeños escarabajos de pedrería los broches, esas joyas con alfileres intimidantes que conservaban, vanidosas, el brillo intacto de épocas pasadas.
Pero la moda es experta en rescatar lo que parecía olvidado y, siguiendo la regla matemática de que las tendencias resurgen cíclicamente cada dos décadas, los broches han despertado de su letargo.
Ya los hemos visto reaparecer en las alfombras rojas de las galas de premiaciones de Hollywood sobre la solapa de trajes de actores como Michael B. Jordan, Cillian Murphy y Adrien Brody, sí como en las colecciones que han desfilado recientemente en las cuatro capitales de la moda (Nueva York, Londres, Milán y París) donde grandes firmas como Bottega Veneta, Prada, Gucci, Versace y Chanel han reinterpretado este accesorio clásico, consolidándolo como uno imprescindible para las próximas temporadas.

Una prenda con mucha historia
El broche no nació como adorno sino como una pieza funcional. “Empezó simplemente con el propósito de abrochar y sujetar las telas. Esa es la base inicial del broche. En ese entonces no era decorativo, pero a la vez sí era una manera de marcar el estatus social, porque les agregaban oro o símbolos relacionados con sus dioses”, explicó Joseph Da’Ponte, historiador de moda y presidente del Puerto Rico Fashion History Council, sobre su uso en la Grecia y Roma antiguas.
Antes de la invención del botón, el broche era la herramienta principal para estructurar la vestimenta, transformándose con el tiempo en un distintivo de jerarquía. “En el Renacimiento empezó a usarse como símbolo de mando en la milicia y luego en la realeza”, señala Da’Ponte. No fue hasta el siglo XIX que dio el salto definitivo al armario femenino con un fin estético, convirtiéndose en la pieza decorativa que ya conocemos.

Tras su auge en los 80 y 90, el cambio de milenio lo relegó al olvido hasta que la nostalgia y la moda vintage volvió a ponerlo en el radar. Para el historiador, este regreso es puramente emocional. “La moda cíclica evoca el sentimiento, y eso es sinónimo de venta. Probablemente, cuando eras chiquita querías algo que recién ahora te puedes costear”, comentó.
El auge contemporáneo
Grace González, diseñadora de joyas puertorriqueña, observa un despunte claro en la demanda de este accesorio así como un cambio en la percepción de las nuevas generaciones. “La gente joven ahora siente que el broche es algo moderno y hasta ‘cool’, ya no tiene la connotación de la abuela. Los usan con chaquetas, corbatas o jackets. Es una manera de destacarte y completar un outfit sin esfuerzo”, afirmó la propietaria de Grace González Jewelry, ubicada en las galerías de San Patricio.
Asimismo, destaca que el interés creciente por los broches ha roto con las etiquetas de género. “Mis clientes ahora incluyen a muchos hombres jóvenes y profesionales que buscan una pieza distintiva”, explicó. A nivel local, esta tendencia se une a la necesidad de reflejar la identidad propia: “Muchos vienen a buscar accesorios que hablen de Puerto Rico, que lleven símbolos que los conecten con su origen y sus valores”, resaltó González, cuyas colecciones incorporan elementos como la flor de maga o el coquí.
Esa conexión cultural ya ha cruzado el charco con la aparición del actor boricua Jacnier en el evento de Vanity Fair durante el Festival de Cine de Cannes el año pasado, donde lució en su solapa el pin de la Virgen de la Providencia diseñado por González. “Es muy gratificante ver cómo un diseño puede contar nuestra historia y, al mismo tiempo, ser parte de la moda global”, destacó la diseñadora.
¿Cómo se lleva el broche ahora?
El broche ha vuelto a imponerse como protagonista de la vestimental formal, no solo como detalle decorativo sino como elemento que define el estilo de quien lo luce. “Hoy está más permitido que el broche sea elstatement del outfit, el foco principal”, afirma Ana Sofía Cordero, diseñadora y directora creativa de Leonardo’s Fifth Avenue. Esta apertura ha dado paso al “stacking”, que consiste en colocar cuatro o cinco piezas en una misma solapa, y a su consolidación en el armario masculino como una “joyería adicional” que ya es norma en eventos de gala.

La tendencia también se ha extendido a la moda nupcial y entre graduados que buscan personalizar su atuendo con broches únicos. “En los novios lo estamos viendo bastante, y los estudiantes que tienen sus proms también quieren broches. Son ahora mismo de los más que estamos vendiendo, porque los graduandos se están atreviendo a personalizar su vestimenta y añadir sus propios toques”, reveló Cordero.
La diseñadora destaca que los broches ya no se limitan a las solapas y se usan en corbatas, carteras y otras piezas, adaptándose a la personalidad de quien los lleva. “Algunas personas prefieren un enfoque minimalista mientras que otras se inclinan por lo maximalista. No hay reglas estrictas, cada quien crea sus propias normas”, agregó. Esta libertad convierte al broche en un accesorio versátil y actual, capaz de expresar identidad, estilo y creatividad a través de la alta joyería.
