Opinión | Trump, grafitero

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Trump siempre tuvo el complejo vuelto resentimiento de no pertenecer a la élite de Manhattan, escribe Edgardo Rodríguez Juliá

14 de febrero de 2026 – 11:00 PM

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El ala este ha sido demolida para construir un salón de fiestas y actos, ser así el anfitrión de esa cena de los corresponsales en Casa Blanca que no olvida. El “ball room” tendrá las dimensiones del fastuoso salón comedor en Mar a Lago, de dimensiones superiores a las de cualquier salón en Casa Blanca, escribe Edgardo Rodríguez Juliá. (Jacquelyn Martin)

En la llamada cena de los corresponsales de Casa Blanca, celebrada el 30 de abril de 2011, el entonces presidente Barack Obama se burló del magnate niuyorkino de la construcción, Donald J. Trump, quien estaba sentado en una mesa entre el público. El destino quizás hubiese preferido menos revanchismo entre estos dos hombres: Obama se desquitaría de la campaña libelosa de Trump que lo tildaba de extranjero nacido en África. Obama mostró ante la concurrencia su certificado de nacimiento emitido en Hawái. A renglón seguido se burló de cómo luciría la Casa Blanca de Trump de este convertirse en presidente: En pantalla se proyectó una fachada con columnas doradas bajo un rótulo que proclamaría la Casa Blanca como “Trump building’’, un neón de letras en rosa flamingo anunciaría “The White House”. Así se carearon aquella noche los dos presidentes de mayores resonancias y consecuencias en la reciente política estadounidense.

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